
Por Nery Santos Gomez, escritora. «In vino veritas, in aqua sanitas» —en el vino está la verdad, en el agua la salud— recuerda Francisco Gutiérrez Carbajo al rastrear el origen clásico de una sentencia que ha atravesado siglos, culturas y lenguajes. Desde esa antigua intuición, Vino y literatura en Extremadura, publicado por Sial Pigmalión, se construye como una reflexión cultural donde el vino se convierte en símbolo, palabra y memoria compartida.
No estamos ante un tratado enológico ni ante un mero ensayo literario, sino frente a una obra de pensamiento cultural que entiende el vino como un hilo conductor de la civilización. Desde las primeras páginas, el autor sitúa el vino en una dimensión que desborda lo gastronómico y lo festivo. El célebre in vino veritas no aparece aquí como consigna trivial, sino como pregunta: ¿qué se revela del ser humano cuando la razón se relaja y la palabra se vuelve más franca?
El libro recorre, con erudición clara y bien hilada, las grandes tradiciones culturales del vino: la Grecia clásica, la Biblia, la Edad Media monacal, el Renacimiento y la literatura española contemporánea. Platón, Aristóteles, Eurípides, Ovidio, san Benito, Cervantes o José Manuel Caballero Bonald dialogan entre sí bajo una misma copa simbólica. Como recuerda el autor, «el vino se lo dio el hijo de Sémele y Zeus a los hombres para el olvido de las penas», subrayando su función ritual, social y también terapéutica.
Francisco Gutiérrez Carbajo, es catedrático emérito de Literatura Española, académico de número de la Academia de las Artes Escénicas de España y académico correspondiente por Madrid de la Reial Acadèmia de Bones Lletres de Barcelona. El autor ha dedicado buena parte de su trayectoria académica a pensar la literatura como expresión viva de la cultura. En este libro, su mirada no se limita al análisis textual: se expande hacia la historia, el mito, la antropología y el territorio, logrando un ensayo de amplio aliento que conjuga saber universitario y vocación humanista.
Como nos explica Gutiérrez Carbajo, en la mitología occidental Dioniso o Baco es uno de los pioneros en representar el poder embriagador del vino. En este sentido, ha sido considerado un libertador, por su capacidad de librar o redimir al hombre de su cotidianidad mediante el éxtasis, el vino y la celebración compartida. No se trata de una embriaguez banal, sino de una suspensión momentánea del orden que permite decir, sentir y comprender de otro modo. De ahí que el vino aparezca asociado al amor, a la palabra, a la música y a la poesía, desde El Banquete de Platón hasta Las Bacantes de Eurípides, pasando por la Biblia, donde el vino oscila entre bendición, metáfora moral y símbolo de exceso.
Uno de los ejes más fascinantes del libro es la centralidad de Extremadura. Lejos de ocupar un lugar periférico, esta región aparece como un corazón cultural donde el vino, la literatura y la historia se entrelazan de forma ejemplar. El capítulo dedicado al Monasterio de Guadalupe es, en sí mismo, una joya: la bodega monacal se convierte en símbolo de organización social, espiritualidad y economía. Allí, entre tinajas, reglas monásticas y libros de registro, el vino sostiene hospitales, peregrinos, cantos y silencios. «Se trataba de una bodega excepcional, perfectamente dotada», señala el autor, no solo como espacio físico, sino como núcleo de una civilización solidaria y ritualizada.
A lo largo del libro, el vino es también protagonista literario. Aparece en la poesía medieval, en los cantares populares, en Berceo, en el Quijote, en la lírica moderna y en autores contemporáneos que lo convierten en memoria, en resistencia o en celebración. Especial relevancia tiene la presencia de Caballero Bonald, para quien el vino es historia, lenguaje y ética, y cuya obra dialoga con los clásicos y con la modernidad desde una mirada crítica y lúcida.
Gutiérrez Carbajo escribe con la autoridad de quien ha dedicado su vida al estudio de la literatura, pero también con la cercanía de quien entiende que la cultura se transmite mejor cuando se narra. El libro avanza así como un largo ensayo donde la cita erudita convive con el mito, el archivo y la experiencia humana. «El hombre habita la tierra poéticamente», recuerda con Hölderlin, y esa afirmación parece sostener toda la arquitectura del volumen.
En tiempos de aceleración y de discursos fragmentados, Vino y literatura en Extremadura propone una pausa: una invitación a leer la cultura desde el territorio, la palabra y la memoria. Un libro para leer despacio, como se bebe un buen vino.



